Carta a los hombres buenos

Publicado en: https://www.eldebate.com/familia/20251204/carta-hombres-buenos_361685.html

04 dic. 2025

Queridos hombres buenos:

Hoy quiero tomarme un momento para miraros de frente, aunque sea con palabras, y deciros algo que quizá no escucháis lo suficiente: gracias.

Gracias por permanecer cuando sería más fácil huir.

Gracias por seguir luchando por el amor cuando tantas veces se ridiculiza.

Gracias por no rendiros ante la superficialidad, la herida, el cinismo o la prisa.

Gracias por no pedir perdón por ser hombres.

Gracias por vuestro silencio fiel, por vuestra firmeza discreta, por vuestra manera tan poco ruidosa de sostener el mundo. Gracias por elegir la verdad aunque cueste, por luchar por la pureza en un tiempo que la desprecia, por ofrecer protección sin dominar, por servir sin hacer ruido, por querer poseeros antes de entregaros.

Gracias por abrir la puerta sin hacer alarde, por caminar del lado de la calzada, por ceder el paso sin hacerlo notar. Gracias por pedir que os avisemos cuando lleguemos a casa y por acompañarnos hasta la puerta, por avisar cuando llegáis bien, por responder a tiempo, por no desaparecer sin una palabra. Gracias por mirar a los ojos cuando habláis, por escuchar sin interrumpir, por preguntar «¿cómo estás?» y esperar de verdad la respuesta. Gracias por cuidar cómo habláis de otras mujeres cuando no están delante, por no hacer bromas que degradan, por no reíros de lo que hiere. Por levantar la voz ante la injusticia.

Gracias por no alargar más de la cuenta un abrazo, por no cruzar límites. Gracias por acompañar sin invadir, por quedaros sin poseer, por proteger sin controlar. Gracias por cumplir lo que prometéis, aunque sea pequeño. Gracias por hablar con claridad cuando algo no es, por no jugar con nuestra ilusión, por no alimentar expectativas por ego o dopamina, por no sostener una historia, sólo por miedo a estar solos. Gracias por estar cuando prometéis estar.

Gracias por no huir cuando algo se pone serio.

Gracias por no regalar promesas antes de tiempo, por saber esperar. Por no prender fuegos que luego no vais a estar dispuestos a sostener. Gracias por vivir el amor verdadero, sin invadir, sin presionar, sin deslumbrar, para después desaparecer. Gracias por querer edificar despacio, con verdad, con paciencia, con fidelidad y con dominio del corazón. Gracias por ese autocontrol que se nota en lo cotidiano: en cómo miráis, en cómo habláis, en cómo tocáis, en cómo os vais cuando toca irse. Gracias por elegir la claridad en vez de la ambigüedad que confunde, por no jugar con las expectativas, por no alimentar ilusiones que no podéis cuidar. Gracias por entender que el amor no necesita desbordarse para ser verdadero, sino sostenerse en el tiempo con coherencia, respeto y verdad. Gracias por darnos seguridad, confianza y paz.

Gracias a los que rezáis sin que nadie os vea.

A los que trabajáis sin aplausos pensando en dar lo mejor a vuestra familia.

A los que os esforzáis por sanar vuestra historia en lugar de usarla como excusa.

A los que nos afirmáis en nuestra feminidad, diciéndonos de forma generosa y sin esperar nada a cambio lo guapas que estamos, la admiración que sentís o lo orgullosos que estáis.

A los que aprendéis a amar cada día en lo pequeño y cotidiano, aunque a veces os toque aprender a golpes.

Gracias por no haberos vuelto de piedra.

Gracias por no haber dejado que el dolor os convierta en dureza.

Gracias por conservar un corazón capaz de ternura en un mundo que os pide corazas.

Gracias por mirarnos con respeto, con paciencia, con verdad. Por no usarnos como consoladores afectivos.

Por recordarnos nuestra infinita dignidad como mujeres.

Por no confundir deseo o atracción con amor.

Por esperar, por cuidar, por renunciar cuando toca, por luchar cuando hace falta.

Por morir a vosotros para poder dar vida.

Gracias también por no renunciar a vuestra condición de hombres en un mundo que os pide que os diluyáis, que bajéis la voz, que pidáis perdón por vuestra fuerza. Gracias por no avergonzaros de vuestra hombría, por no dejaros domesticar por una cultura que necesita varones debilitados para poder gobernar conciencias. Gracias por seguir queriendo ser columna, techo, sostén, referencia. Gracias a los que no habéis renunciado a la paternidad –biológica o espiritual– como misión, como llamada, como don. Porque donde hay un hombre en pie, hay una mujer a salvo y una familia posible.

Gracias a los que no habéis renunciado a la paternidad –biológica o espiritual– como misión, como llamada, como don. Porque donde hay un hombre en pie, hay una mujer a salvo y una familia posible.

Gracias por no haber renunciado a liderar por miedo a ser malinterpretados. Gracias por seguir tomando decisiones, por proteger, por guiar, por asumir la carga de ser responsables cuando otros prefieren no serlo.

Gracias porque vuestra fuerza no nos aplasta, nos impulsa. Porque vuestra firmeza no nos empequeñece, nos afirma. Porque vuestra presencia hace posible que muchas mujeres podamos descansar en nuestra feminidad sin tener que endurecernos para sobrevivir.

Gracias por vuestro «sí» a la responsabilidad.

A vuestra palabra.

A la verdad en vuestros gestos.

A vuestra promesa.

A vuestra misión.

A vuestra hombría.

Gracias por vuestra nobleza. Por ser imagen viva de la paternidad de Dios en nuestra vida.

Gracias, Manolito, Joaquín, Carlos, Toni, Juan, Albert, Miguel, Sergio, Borja, Nacho, Álvaro, Jesús, Jaime, Jose, Pedro, Javier, Héctor, Jorge, Fernando, Marcos, Pablo, Alejandro, Gonzalo, Enrique, Jacobo, Drew, Guillermo, José Antonio… y tantos otros.

Hoy quiero deciros que vuestra bondad no pasa desapercibida. Que quizá no siempre os sintáis vistos ni reconocidos, pero sois necesarios. Profundamente necesarios. Yo os necesito. Sois esperanza concretada en nombres y apellidos. Sois hogar en construcción. Sois respuesta de Dios para este tiempo herido.

Y sí, el mundo necesita hombres:

Íntegros. Humildes. Valientes. Fieles. Libres.

Hombres.

No dejéis de serlo.

No os canséis de intentarlo.

No os conforméis con menos de lo que fuisteis creados para ser.

Gracias por existir.

Gracias por resistir.

Gracias por amar.

    Con admiración y gratitud, Carla Restoy (en nombre de muchas mujeres).

    Comentarios

    Entradas populares de este blog

    Esperar al amor en el banquillo

    Amigos a pesar de mí

    La masculinidad como vocación: Un llamado a los caballeros de verdad