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Carta a los hombres buenos

Publicado en: https://www.eldebate.com/familia/20251204/carta-hombres-buenos_361685.html 04 dic. 2025 Queridos hombres buenos: Hoy quiero tomarme un momento para miraros de frente, aunque sea con palabras, y deciros algo que quizá no escucháis lo suficiente: gracias. Gracias por permanecer cuando sería más fácil huir. Gracias por seguir luchando por el amor cuando tantas veces se ridiculiza. Gracias por no rendiros ante la superficialidad, la herida, el cinismo o la prisa. Gracias por no pedir perdón por ser hombres. Gracias por vuestro silencio fiel, por vuestra firmeza discreta, por vuestra manera tan poco ruidosa de sostener el mundo. Gracias por elegir la verdad aunque cueste, por luchar por la pureza en un tiempo que la desprecia, por ofrecer protección sin dominar, por servir sin hacer ruido, por querer poseeros antes de entregaros. Gracias por abrir la puerta sin hacer alarde, por caminar del lado de la calzada, por ceder el paso sin hacerlo notar. Gracias por pedir que os avise...

Yo tampoco quiero ser madre

Publicado en: https://www.eldebate.com/familia/20250601/tampoco-quiero-madre_302530.html 01.junio.2025 «No quiero ser mamá. Me da pánico. No quiero esa responsabilidad de por vida. Yo busco libertad», defendía la  celebrity  Lola Índigo  recientemente en un podcast de gran alcance. Este no es un capricho  millennial . Es el eco de una generación entera de mujeres a las que se nos enseñó que el poder maternar es una cárcel, y la independencia, la única forma válida de éxito. Pertenezco a una generación que ha renunciado a lo materno en nombre de una libertad que, paradójicamente, nos ha dejado más solas, más cansadas y más vacías. La cultura del «yo primero» ha colonizado nuestras vidas. Hemos crecido viendo a mujeres poderosas huir de cualquier atadura: hogar, esposos, hijos. Nos educaron para ser inatrapables. Y así, con una libertad sin vínculos, fuimos rompiendo uno a uno los lazos que podían dar algún tipo de sentido a nuestra existencia. Hace no tanto que l...

Uvas sin pepitas

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Yo no lo supe hasta al cabo de bastante tiempo pero cuando era pequeña las uvas tenían pepitas y piel. Mi abuela me daba las uvas siempre sin piel y sin pepitas. Una a una. Recuerdo sus manos, lentas y sabias, separando cada racimo como si el tiempo no existiera. Cogía una uva, la pelaba con paciencia, la abría con delicadeza y extraía las semillas. Luego la colocaba en un platito de loza blanca y me la ofrecía con una sonrisa que olía a hogar. Yo no sabía entonces que aquel gesto era amor. No el amor grandilocuente, mal entendido, sólo pasional, de las películas ni el que se dice a gritos, sino el amor que se entrega en silencio, en lo pequeño, en lo que casi nadie ve y cuyo interés no es ser mostrado: ágape cotidiano. Mi abuela hacía el mundo objetivamente mejor aunque nadie la viese y aunque nadie se diese cuenta. Ella no necesitaba explicarme nada. Me enseñó, sin palabras, que cuidar es detenerse. Que amar es perder tiempo por otro, sin medirlo, priorizando lo importante aunque no ...

La Estampita de la Vaca

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Sobre lo de la vaca sagrado corazón: La noche del 31 de diciembre nos reunimos con familia y amigos para celebrar el nuevo año y en el 90% de las casas se pone la televisión para escuchar las últimas doce campanadas del año para abrir el siguiente. Las emisoras ofrecen a parejas de celebridades para presentar el evento y compiten por seducir los hogares y que vean ese entrañable momento en su canal y con su propuesta. Recuerdo en mi niñez ver a Ramón García con su capa española y a la siempre elegantísima Anne Igartiburu. Desde hace unos años creo que se empezó a vulgarizar este evento. Todo empezó, creo recordar, con la expectación de unos vestidos bastante vulgares y poco femeninos de Pedroche que daban a la emisora las audiencias soñadas. En muchas casas empezaban el año viendo a una mujer algo chabacana vender su cuerpo por no conocer su valor y dignidad. Esto se convirtió en un ritual patético y en una competición entre televisiones que cuanto más vulgares y chabacanas fueran sus ...

La masculinidad como vocación: Un llamado a los caballeros de verdad

  En un momento de   la película El Becario,   el personaje de Robert de Niro, un hombre mayor, viudo, que encarna la vieja escuela de la caballerosidad, tiene una conversación con un joven que va a la oficina en sudadera que resulta tan sencilla como reveladora: > «- Oye, ¿para qué usas los pañuelos? Eso en verdad no lo entiendo. > – ¡Es que es esencial! Que tu generación no lo sepa es criminal. La mejor razón para llevar pañuelos es… ofrecerlo. Las mujeres lloran. Los llevamos por ellas. Uno de los últimos vestigios de la caballerosidad.» Más allá de lo anecdótico, estas palabras capturan algo esencial sobre lo que significa ser hombre: la disposición a estar presente, atento a las necesidades del otro, especialmente de las mujeres, y dispuesto a servir desde los gestos más pequeños para poder alcanzar las más grandes hazañas. Nuestro mundo  ha distorsionado o perdido de vista lo que significa ser un caballero  porque también ha olvidado lo que significa...

Que apaguen las luces de Navidad

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En pleno diciembre la ciudad brilla como un árbol de Navidad eterno. Las calles se visten con miles de luces, más resplandecientes que las estrellas mismas y lo cierto es que hay algo fascinante y, al mismo tiempo, un tanto inquietante en todo eso. Estamos tan acostumbrados a ver el fulgor artificial de las bombillas -ahora led- que ya no recordamos cómo se ve el cielo nocturno sin la opaca cortina de la modernidad. La Navidad, en su esplendor comercial en la ciudad, ha llegado a eclipsar el firmamento que interpelaba a nuestros abuelos con su misterio y belleza, y ha sido sustituida por destellos que apenas nos dejan ver más allá de nuestras narices. La Navidad es ese momento en el que se nos invita a mirar, en familia, las estrellas. No las que adornan las tiendas o las luces de los escaparates, sino esas que nos remiten a lo trascendente. Si apagáramos las luces de Navidad —esas luces brillantes y, a menudo, vacías— tal vez descubriríamos que debajo de toda esa artificialidad, el ci...